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pero últimamente noto un cambio... está peor...
Los hallazgos sobre el mapa genético de las especies demuestran sin lugar a réplicas, que nuestro patrimonio genético es idéntico al de los gorilas en un 97 por ciento, y si esto es de suyo humillante... para los gorilas, claro... La vida no es vida sino intenso dolor para la mayoría de los animales sólo por haberles tocado en suerte compartir el planeta y este tiempo con el hombre, su verdugo más cruel y excesivo. Los 'animales no humanos', hay que decir, para expresarse con propiedad de ellos, seres maravillosos en los que la naturaleza es perfección, pero tristemente indefensos ante el individuo elemental, depredador incorregible.
Hay quienes afirman que lo que distingue al ser humano de los otros animales es el raciocinio, pero es necesario ponerlo en duda, viendo lo que aquel hace con su aparente ventaja, no sólo en su relación con los seres inferiores que están a su merced, sino con el uso inescrupuloso que le da en cada acto a su facultad de entendimiento. Apenas comprendiendo su ignorancia y confusión puede explicarse la arrogancia insoportable del que pone su derecho a la vida ciegamente por delante del derecho a la vida de otros seres. Si somos superiores, sólo esa condición nos agrega un imperativo moral por el cual debemos rendir justificaciones de nuestros actos. Sólo el hecho de que debamos decidir cómo tratar a los animales, hace a nuestra relación con ellos moralmente grave. Decía Shakespeare en 'Hamlet': "no hay nada bueno o malo sino que el pensar así lo hace". Nosotros pensamos, no nuestro perro, por lo que tenemos el privilegio y la carga de hacernos responsables de la relación y el trato. Pero nuestra relación con las bestias, sin embargo, es la de las metáforas que las degradan. "Eres un animal"... "Eres un burro"... ¿Por qué no "eres un hombre torpe", o "eres una mujer egoísta"? "Soy un miserable gusano" decía Friedrich Nietzsche para autodefinirse, cuando lo devoraba la sífilis y expiaba su remordimiento de filósofo porque se acostaba con su madre y con su hermana. Había muchas culpas humanas en él, pero ¿qué culpa era del gusano? El siglo XX fue generoso y mezquino, bálsamo y letal, ubérrimo para la ciencia y retrógrado para la convivencia entre los hombres. Sobre su final mostró ¡por fin! una luz de esperanza en el reconocimiento al derecho de los animales en las sociedades civilizadas. Una luz, que quede claro, nada más que eso, pero algo más que nada. Los derechos del hombre en la Grecia clásica eran los derechos del ciudadano varón y libre. Las mujeres y los esclavos eran para la legislación tan poca cosa como hoy son -continúan siendo- los animales en las comunidades rabonas e incultas. Otras formas de discriminación, igual de abyectas y vergonzantes ha visto la historia. Quemar al hereje en la hoguera fue una conducta aceptada, hasta que un día la civilización decidió que era inaceptable. Todo es cuestión de tiempo. Llegará el día en que el exterminio irracional de los animales no humanos de esta época, en casi todas las sociedades, será un asunto que se exhibirá en museos, a la mirada incrédula de los visitantes.
Tengo malas noticias para los orgullosos "seres superiores" que en tono peyorativo llaman bestias a las bestias: los hallazgos sobre el mapa genético de las especies demuestran sin lugar a réplicas, que nuestro patrimonio genético es idéntico al de los gorilas en un 97 por ciento, y si esto es de suyo humillante... para los gorilas, claro, también se halló que el número de genes necesarios para constituir un hombre es sólo el doble de los que tiene un gusano. La vida es, aun para la ciencia, el más grande de los milagros, lo que parece ignorar el hombre promedio de todas las latitudes, porque la compromete cada vez que puede, arrasando bosques y especies, contaminando el aire y el agua, y detonando nuevas enfermedades. Es el hombre, entre todos los seres vivos, el único dotado para la estulticia. Konrad Lorenz, el etólogo austríaco, el gran sabio del siglo pasado que en 1973 obtuvo el premio Nobel de medicina, dijo: "el hombre siempre fue bastante estúpido, pero últimamente noto un cambio... está peor". Es el mismo médico bondadoso que amaba a los animales hasta la médula y que en otra ocasión afirmó: "De sólo pensar que mi perro me quiere más que yo a él, siento vergüenza". Lord Byron escribió para la tumba de su perro 'Botswain' este epitafio: "Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios". Los animales, salvajes o domésticos, son, a la luz de la inteligencia, nuestros compañeros de viaje. Su sacrificio o sufrimiento inútiles son actos de inmoralidad y barbarie degradantes para quien los provoca. ¿Por qué quererlos? Una máxima filosófica simple dice que es correcto preferir un estado de cosas mejor a uno peor. Pero detrás de esto, en términos cotidianos, por respeto a nosotros mismos. Porque el cuidado de todas las formas de vida nos hace más evolucionados. Porque lo expansivo es primitivo y la inhibición es cultura. Por compasión, que la compasión es una olvidada emoción elevada. Porque matar o hacer sufrir es destrucción. Porque construir es participar como un Dios todopoderoso del acto de la Creación. Porque el hombre útil o bueno o civilizado vive de acuerdo con ciertos valores y no hay valores que justifiquen la crueldad. Porque la inteligencia invita a vivir de tal manera que nuestras acciones aporten a la felicidad y no al dolor que hay en el mundo. Porque proveer a la vida y no a la muerte no puede ser una antigualla, a menos que el mundo esté irremediablemente perdido. Porque estoy seguro que entiende usted la diferencia entre la sensibilidad de quien mata a un animal por placer, y la de quien goza escuchando la Quinta Sinfonía de Beethoven. Un amante de las corridas de toros me dijo una vez que los toros de lidia no nacerían si no existiera esa primitiva obscenidad que llaman fiesta, "porque son criados para la muerte en la plaza" -me explicaba-, a lo que respondí que con su criterio podríamos criar niños para que sean sacrificados frente a cincuenta mil forajidos con boleto pagado. Desde Platón sabemos que educar es formar en la virtud. Piedad, compasión, amor por la vida de todos los seres, respeto por la otredad, son conquistas del hombre morigerado, de buenas costumbres, superior. Superior no de superar a los demás, sido de haber sido capaz de mejorarse a sí mismo, de haberse alejado de aquella pequeña cosa tan sin pulimento que era cuando nació. ¿Por qué dirán que con relación al hombre los animales son una especie inferior? ¿Porque no tienen algunas "virtudes" que adornan a los hombres? Sí, recuerdo algunas: el odio, la maldad, la envidia, la venganza, el rencor, el engaño, la traición, la soberbia. Todos los animales, humanos y no humanos, morimos cuando cesan nuestras funciones corporales. Los hombres crueles, empero, mueren mucho antes, aunque ni lo noten. * Por Eduardo Lamazón http://animales.ecoportal.net/content/view/full/31229 Declaración Universal de los Derechos de los Animales
http://controlve.blogspot.com/2006/02/declaracin-universal-de-los-derechos.html Derechos para los animales?...
Nuevos estudios afirman que los animales poseen emociones, empatía, envidia, altruísmo y sentido ético.
Revista Viva, Clarín Las conclusiones de las últimas investigaciones en psicología animal, biología molecular y etología, resultan difícilmente incompatibles con la idea profundamente arraigada en la cultura occidental: aquella que sitúa al hombre en el centro del universo y relega a los animales a un escalón muy inferior. La certeza de esa barrera infranqueable, parece desmoronarse por el trabajo de Mark Bekoff, de la Universidad de Colorado quien, tras estudiar y filmar durante diez años distintos animales, asegura que muchos de ellos, como los perros, las hienas, los chimpancés, algunos pájaros y topos, no sólo poseen rudimentarias emociones, sino también estados mentales más sofisticados como la empatía, el altruismo, la envidia y hasta un cierto sentido ético. Según publica el diario La Vanguardia, el científico norteamericano llega a afirmar que “lo que los animales sienten es muy importante porque tratan de negociar su supervivencia en un mundo dominado por los humanos y con frecuencia abusivo, en el que son peones de nuestros esfuerzos obsesivos por controlar sus vidas para nuestro beneficio, no el de ellos”. Estos descubrimientos obligan a replantearse la relación que los humanos tienen con los animales. Y, más aun, según Jorge Riechmann, profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Barcelona y co-autor de “Animales y humanos. Indagación sobre el lugar de los animales en la moral y el derecho de las sociedades industrializadas”, invita a preguntarse qué es ser humano y, desde ese lugar, pensar si “los animales, o incluso los objetos naturales, pueden llegar a ser titulares de derechos”. http://www.animanaturalis.org/modules.php?goto=Nvst1_3956 http://controlve.blogspot.com/2005/10/nuevos-derechos-para-los-animales.html Una mariposa en los árboles de secuoya...
VER: el tiempo se volvió precioso.... mucho más allá de lo evidente...Todo este tiempo hemos
creído que son organismos simples y sin sentimientos, pero las
investigaciones señalan que la vida de una planta puede ir mucho más
allá de lo evidente
La manera más eficiente para provocar en un ser humano una reacción lo bastante fuerte como para que el galvanómetro salte, es amenazarle con poner en peligro su bienestar. Esto fue precisamente lo que decidió hacer Backster a la planta: introdujo una hoja de la drácena en su taza de café caliente; el galvanómetro no registró nada, reflexionó un momento y se le ocurrió una amenaza mayor, quemar la hoja a la que había aplicado los electrodos. En el momento mismo en que lo había pensado y antes de que marchase a buscar el fósforo, la gráfica describió una prolongada línea ascendente. Backster no se había movido ni hacia la planta ni hacia la grabadora, ¿sería posible que la drácena estuviese leyendo su pensamiento? Salió de la habitación y volvió con algunos fósforos, observando entonces que la gráfica había registrado otro trazo brusco hacia arriba, indudablemente causado por su determinación de llevar a la práctica la amenaza que había pensado. Se dispuso a quemar la hoja. Esta vez se marcó en la gráfica una reacción más baja. Cuando de hecho comenzó a realizar los movimientos de intentar quemar las hojas, no hubo reacción alguna. La planta parecía capaz de poder distinguir entre un intento verdadero y otro simulado. Backster comprobó además que cuando las plantas se veían amenazadas irremediablemente, recurrían a la pérdida del “sentido”. Así, su planta no reaccionaba ante ningún estímulo en presencia de un amigo fisiológico, cuyo trabajo requería destruir plantas para obtener su extracto seco. La “memoria” de la planta Para averiguar si las plantas poseían cierta forma de memoria, iniciaron un plan según el cual Backster iba a intentar identificar al asesino secreto de una planta. Seis estudiantes, con los ojos vendados, fueron sacando papeles doblados de un sombrero, en uno de los cuales se daban instrucciones para arrancar, pisotear y destruir completamente una de las dos plantas que había en una habitación cercana. El “asesino” tenía que cometer el crimen en secreto, sólo la otra planta sería testigo. Conectando la planta superviviente con un polígrafo y haciendo que desfilasen los alumnos uno a uno ante ella, Backster logró identificar al culpable, pues tan sólo en presencia de uno de los estudiantes la planta describió en el polígrafo una curva frenética de movimiento; después, el estudiante confirmó que él había sido el “asesino”. En otra serie de observaciones, Backster notó que parecía crearse una especie de comunión o vínculo de afinidad entre una planta y su cuidador, cualquiera que fuese la distancia que los separara. Llegó a esta apreciación mediante cronómetros y anotando todas sus actividades durante el día, comprobando luego cómo la curva descrita por el polígrafo coincidía con las diferentes emociones que vivió a lo largo del día. Vogel, un científico, inspirado en las experiencias de Backster, dispuso tres hojas en la cabecera de su cama y todas las mañanas, durante un minuto, exhortaba amorosamente a dos de ellas a seguir viviendo, mientras que a la otra la ignoraba deliberadamente. Después de una semana, esta última estaba marchita, y en cambio las otras se mostraban lozanas. Otro día invitó a un psicólogo a su casa; la planta de la habitación que tenía un polígrafo conectado, tuvo una reacción instantánea e intensa y de repente se quedó como muerta. Al preguntar Vogel al psicólogo qué era lo que había pensado, éste le contestó que había comparado mentalmente al filolendro de Vogel con uno que él tenía en casa, y pensó lo inferior que era el de Vogel al suyo. En forma evidente, tan cruelmente herida se mostró la planta de Vogel “en sus sentimientos”, que se negó a reaccionar durante el resto del día; de hecho, estuvo sombría y malhumorada casi dos semanas. No le quedó duda de que las plantas podían tener aversión a los pensamientos de los humanos. Empatía con otros seres Esto no sólo se comprobó con seres humanos; Backster pudo demostrar cumplidamente a un grupo de estudiantes de la Universidad de Yale, que los movimientos de una araña en la habitación en una planta que estaba conectada con su equipo, podían originar cambios dramáticos en la gráfica producida por la planta, por ejemplo, justo antes de que la araña escapase de un intento humano de limitar sus movimientos. “Parecía -comentaba Backster- como si la planta captase cada una de las decisiones de huir de la araña, causando una reacción en la hoja”. En cierta ocasión, Backster se cortó un dedo y se lo untó de yodo; la planta que estaba siendo observada por medio del polígrafo, reaccionó inmediatamente; al parecer, ante la muerte de algunas células de su dedo. En otra ocasión, apareció un rasgo especial cuando Backster se preparaba para tomar una taza de yogur; aquello le extrañó y desorientó, hasta que averiguó que había una sustancia química protectora en el dulce en conserva que mezclaba con el yogur, la cual estaba destruyendo algunos de sus bacilos vivos. También se explicó los rasgos peculiares que se obtenían en la gráfica cuando se echaba agua caliente al fregadero y se mataba a las bacterias que allí estaban. Facultades mayores “La facultad de sentir -asegura Backster- no parece acabar en el nivel celular. Puede extenderse al molecular, al atómico y hasta al subatómico. Concluyendo, todas las clases de seres que han sido considerados convencionalmente inanimados, acaso necesiten una reevaluación” Estos experimentos fueron repetidos por numerosos investigadores, y en ellos se determinó que las plantas tienen una sensibilidad paralela a la de los seres humanos, que les permite percibir sus sentimientos para con ellos y sus diferentes estados emocionales, y aun reaccionar frente a éstos con una cierta autonomía. Esta relación con los seres humanos es sólo una parte de su comunicación con el Cosmos, pudiendo percibir los cambios estacionales y el movimiento de los astros con toda claridad. Así Mairan, en 1720, observó con sorpresa que la puesta del sol parecía ser la causa de que la mimosa púdica plegase sus hojas, lo mismo que cuando las tocaba con la mano. Introdujo las mimosas en un armario y al observarlas al mediodía, comprobó que sus hojas estaban completamente abiertas, pero cuando se volvió a ocultar el sol, se cerraron igual que las del salón. Es decir, las plantas sentían al sol aunque no lo viesen. Información ofrecida por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis – Málaga. http://archivo.elnuevodiario.com.ni/2005/junio/03-junio-2005/mundo_oculto/mundo_oculto-20050601-03.html http://controlve.blogspot.com/2006/03/las-plantas.html Democratizar la comunicación...“Sin democratización de la comunicación, no hay democracia” fue una proclama, un grito, que se extendió por Latinoamérica a inicios de los ’80, particularmente en aquellos países del Sur que transitaban de las tinieblas dictatoriales a fórmulas constitucionales.
La premisa era simple, pero contundente, por ser universalmente
aceptada: la vitalidad de la democracia depende de la participación
ciudadana, para lo cual resulta fundamental que los diversos sectores
ciudadanos estén debidamente informados y puedan expresar sus
particulares puntos de vista al conjunto de la sociedad, condición que
solamente puede garantizarse con la democratización de la comunicación.
http://www.codigosur.org/leer.php/197Quien tenga corazón... |
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