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Mira: a punto estás de penetrar en el bosque. Vas a dejar la casa blanca de la cima, tan plácida, tan llena de música y sosiego, y ahí te espera el bosque impenetrable.
Irremediablemente deberás cruzarlo: el bosque que desciende por ladera escabrosa, el bosque en que no hay nadie y el bosque en el que puede haber de todo, el bosque de humedades venenosas, morada de lo negro y de una luz que enturbia la mirada.
Entra en él con cuidado y sal sin prisas, mas nunca se te ocurra abandonar la senda que desciende y desciende y desciende. Mira mucho hacia arriba y no te olvides de que este tiempo nuestro va pasando como la hoz por el trigo.
Allá arriba, en las ramas, no hay luces que te cieguen si es de día. Y si fuese de noche, la negrura más honda la siembran faros ciertos. Todo lo que está arriba guía siempre.
Mira, te espera el bosque impenetrable. Recuerda que la senda que lo cruza -la senda como río que te lleva- debe ser dulce cauce y no boa untuosa que repta y extravía en la maraña.
Que te guíe la música que dejas -la música que es número y medida- y que la más alta música te saque, al fin, tras dura prueba, a mar de luz.
... No son sólo memoria, son vida abierta, continua y ancha; son camino que empieza.
Dicen que no están muertos; escúchalos, escucha, mientras se alza la voz que los recuerda y canta.
Benedetti ...
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Mario Benedetti. Un mito discretísimo
Hortensia Campanella Alfaguara Con la publicación de su biografía, acertadamente titulada Mario Benedetti, Un mito discretísimo,
la editorial Alfaguara renueva el testimonio de su apuesta total por el
más conocido, leído y apreciado de los escritores uruguayos vivos, del
que tiene en catálogo al menos diecisiete de sus obras. El
título da una idea bastante exacta de la imagen de Benedetti que le
cabe esperar al lector que decida leer el trabajo realizado por
Hortensia Campanella: la de un hombre poco dado al protagonismo y a la
presencia pública, ello a pesar de que probablemente sea el poeta
latinoamericano actualmente más leído y un novelista que en los años
sesenta ya vendía muchos miles de ejemplares y estaba siendo traducido
a una docena larga de lenguas cultas. Es más, pese a su relevante labor
"de batalla", primero en su Montevideo natal y luego en la Cuba del
momento álgido revolucionario, o a pesar de sus sonados choques con los
poderes establecidos (y que le costaron largos periodos de ostracismo,
la pérdida de puestos de trabajo y aun el exilio), esa discreción a la
que alude el título fue siempre una de sus principales normas de
conducta. Otra de sus normas nunca quebrantadas, pues
todavía la mantiene vigente a sus ochenta y muchos años de edad, es la
del compromiso. Pero no un compromiso entendido como una obediencia
ciega a una ideología política (como más de una vez han dicho sus
adversarios) sino como un batallar sin tregua ni componendas por
aquello que de verdad importa. Por decirlo como él mismo lo ha dicho en
más de una ocasión "si el deber del revolucionario es hacer la
revolución, el deber del escritor es hacer literatura". Otra cosa es
que su compromiso personal, o su lealtad hacia alguna opción política
que un día fue capaz de ilusionar a muchos (por ejemplo la revolución
castrista) le haya llevado a continuar defendiendo dicha opción mucho
tiempo después de que la desilusión haya cundido en los primitivos
valedores. Pero al fin y al cabo nadie puede mantener en serio que
la lealtad, incluso manifestada a destiempo, sea un pecado que de
veras llegue a desvirtuar una trayectoria ética tan intachable como la
de Mario Benedetti. Hay sin embargo otra cuestión, también
relacionada con la lealtad, que bien merece una pequeña reflexión al
paso. En el apartado de Agradecimientos, Hortensia Campanella deja
constancia muy clara de la generosidad y calidez que Mario Benedetti
demostró para con ella y su proyecto. Y tras declararse partidaria sin
dobleces de su personaje, dice confiar en que su propia admiración y
cariño hacia él no empañen su trabajo. Y ahí reside la característica
fundamental de la presente biografía. No cabe la menor duda de
que contar con el apoyo y la generosa colaboración del personaje
biografiado significa una gran ventaja para el investigador, pues ello
es garantía de que éste va a manejar información de primera mano y
disponer de documentación que difícilmente se encontrará en archivos y
bibliotecas. Y en el caso de un escritor ello es garantía asimismo de
que se van a dar conocer gran cantidad y variedad de detalles
relacionados a la génesis, circunstancias y desarrollo de muchas de las
obras que se mencionen. Detalles, como digo, de primera mano y que sólo
el propio escritor puede aportar. En los países anglosajones la
costumbre exige que ese tipo de trabajos incluyan en el título la
indicación de que cuentan con la autorización expresa del personaje
objeto de estudio. Hasta cierto punto esa indicación es como las
advertencias que las autoridades sanitarias empiezan a exigir a la
industria alimentaria para información de los posibles consumidores. En
el caso de una biografía reconocida como "autorizada" el lector
potencial ya sabe que el trabajo que tiene en las manos probablemente
contenga material de primer orden, pero también sabe que (y aquí
entra en juego de nuevo la lealtad, pero esta vez referida al biógrafo)
los aspectos más sensibles, contradictorios o indelicados del
personaje estudiado van a ser tratados con mucho tacto y discreción. O
como de pasada. En cuyo caso la cuestión se demuestra genérica, y la
pregunta es si una persona muy cercana al personaje biografiado y que
cuenta con su total confianza, es la más adecuada para hacer una
biografía, tal y como se entiende cuando hacemos referencia a los
mejores logros del género. En este sentido no cabe duda de que Mario Benedetti. Un mito discretísimo, es
un trabajo que va a ser referencia indispensable para cualquier
biografía futura del escritor uruguayo, y asimismo un libro de gran
interés para sus muchos seguidores e incondicionales. Primero porque
resulta de lectura fácil y amena debido a que está muy bien escrito, y
segundo porque aporta una valiosa información personal y bibliográfica.
Pero detrás de tanta discreción sigue quedando oculto un ser que
adivinamos noble y digno de ser conocido en toda su profundidad,
incluidas sus contradicciones.
[Publicado el 09/3/2009 a las 14:21]
DESDE http://www.elboomeran.com/
CHAU
NÚMERO TRES
Te dejo con tu vida tu trabajo
tu gente con tus puestas de sol y tus amaneceres sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo derrotando imposibles seguro sin seguro
te dejo frente al mar descifrándote a solas sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota te dejo sin mis dudas pobres y malheridas
sin mis inmadureces sin mi veteranía pero tampoco creas a pie juntillas todo
no creas nunca creas este falso abandono estaré donde menos
lo esperes por ejemplo en un árbol añoso de oscuros cabeceos
estaré en un lejano horizonte sin horas en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra estaré repartido en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás y enseguida te siguen y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red esperando tus ojos y mirándote.
DESDE http://amediavoz.com 
...
...
Con su ritual de acero sus grandes chimeneas sus sabios clandestinos su canto de sirena sus cielos de neón sus ventas navideñas su culto de Dios Padre y de las charreteras con sus llaves del reino el Norte es el que ordena
pero aquí abajo, abajo el hambre disponible recurre al fruto amargo de lo que otros deciden mientras el tiempo pasa y pasan los desfiles y se hacen otras cosas que el Norte no prohibe. Con su esperanza dura el Sur también existe.
Con sus predicadores sus gases que envenenan su escuela de Chicago sus dueños de la tierra con sus trapos de lujo y su pobre osamenta sus defensas gastadas sus gastos de defensa. Con su gesta invasora el Norte es el que ordena.
Pero aquí abajo, abajo cada uno en su escondite hay hombres y mujeres que saben a qué asirse aprovechando el sol y también los eclipses apartando lo inútil y usando lo que sirve. Con su fe veterana el Sur también existe.
Con su corno francés y su academia sueca su salsa americana y sus llaves inglesas con todos sus misiles y sus enciclopedias su guerra de galaxias y su saña opulenta con todos sus laureles el Norte es el que ordena.
Pero aquí abajo, abajo cerca de las raíces es donde la memoria ningún recuerdo omite y hay quienes se desmueren y hay quienes se desviven y así entre todos logran lo que era un imposible que todo el mundo sepa que el Sur, que el Sur también existe.
1985

 Pandemia solidaria
La
prestigiosa psicoterapeuta norteamericana, Virginia Satir, decía que
necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para
mantenernos sanos y doce para crecer. A la civilización del miedo sólo
le faltaba desaconsejarnos el abrazo imprescindible. Sin embargo ya es
un poco tarde. Para cuando vino la prescripción, nosotros ya estábamos
pegados los unos a los otros. Ya es difícil separarnos. No deseamos que
el miedo siga escribiendo la historia humana. Triste futuro si la otra
piel nos resulta extraña, si los cuerpos se temen y rechazan, si el
abismo se instala. El
abrazo raramente resulta perjudicial. Máxime en estas situaciones
críticas, da vida, no la priva. Permaneceremos pegados, abrazados, ahí
nos atraviese el “bichito” de lado a lado. Este mediático virus de la
“gripe A” no es letal, pero sí la neurosis que le precede. Si
las epidermis se rehuyen, estamos acabados. El único virus en verdad
alarmante es el de la histeria colectiva y su primo el individualismo.
Preferimos enfermar de la denominada "gripe porcina", que de
reprimirnos el abrazo vital. Preferimos ser contaminados/as con el
“terrible germen” a tener que guardar tanta profiláctica distancia. La
única enfermedad fulminante es ese alejamiento, ese desafecto del ser
humano con su congénere, con el hermano animal, con los demás reinos de
la vida, con la Madre Tierra. Si de algo no puede prescindir este mundo
es del abrazo fraterno, del tacto sincero. Lejos
de desaconsejarlo, la enfermedad proporciona motivo para el contacto,
para transmitir con nuestras manos la salud y la energía necesitadas.
En la urgencia de un cuerpo, otro alma puede asomar a la punta de sus
dedos sanadores. El milagro de la sanación es sólo dejar que el
verdadero amor alcance las yemas. ¿Si bien el vacío, bien plásticos y
guantes se interponen, por dónde correrá el amor? Ese amor reparador
que a todos nos habita, puede incluso atravesar el caucho, mas no el
miedo que hizo vestir los dedos. Poco
sabemos de este tipo de azotes, pero sí lo suficiente como para
observar que la mayor plaga es el descuido del/a otro/a. En esta
apoteosis de pánicos y desmemorias alentada por medios irresponsables,
podemos llegar a olvidar la relatividad del cuerpo, olvidar que somos
almas circunstancialmente encarnadas en materia, materia debilitada por
el miedo, materia que la histeria torna aún más vulnerable. Cada
año mueren sólo en Europa 40.000 personas por la gripe común. No
tememos a un virus estrella que ocupa todas las portadas de los
informativos, pero que en realidad en todo el mundo sólo ha causado al
día de hoy, 3 de Mayo, diecisiete muertes confirmadas. Tememos la
muerte lenta, la civilización depredadora de la salud, incapaz de poner
fin a su dañina oferta de asfalto, hacinamiento, contaminación y ruido.
Las megaurbes como México D.F. son megaproblema para la salud. En vez
de cuestionar el enorme perjuicio ambiental, la raíz de las nuevas
enfermedades que generan tan nocivos entornos, sólo se invierte en
paliativos: mascarillas, medicamentos... Sin embargo, para que ceda
esta suerte de azotes, deberán probablemente caer también máscaras de
fuera y adentro. Busquen
los laboratorios su fórmula mágica, el medicamento adecuado destinado a
sanar, no a hacer fortuna. Reciban los cuerpos que lo soliciten sus
vacunas, pero mientras no olvidemos la medicina preventiva, la fórmula,
esa sí infalible, de la tierra cercana, del aire limpio, de los
alimentos sanos, de la paz en la mente, del amor en el corazón… Sólo la
pandemia de la solidaridad y la hermandad librará a la humanidad de
este y futuros azotes que se pueden gestar en la sombra. No
necesariamente la sombra de tenebrosas conspiraciones maquiavélicas,
basta nuestra pequeña sombra, basta el olvido de quiénes somos y para
qué estamos en la tierra, para que se desaten nuevas plagas. Volemos,
si así se tercia, a la patria hermana. México no puede colgar el
cartelito de "no pasar". No cunda la paranoia, cunda la epidemia
solidaria. No construyamos más fronteras humanas, ya se elevan
demasiadas. No creemos en el aislacionismo. ¡México, que tanto nos has
dado, estamos contigo! ¡Gente querida, ahora más que nunca, te
abrazamos!
Koldo Aldai
VISITE: CONTAMÍNAME!!!y ABRAZOS REBELDES...
... Gente que se despierta cuando aún es de noche y cocina cuando cae el sol gente que acompaña gente en hospitales, parques gente que despide, o que recibe a gente en los andenes gente que va de frente que no esquiva tu mirada y que percibe en el viento cómo será el verano cómo será el invierno. Dos, tres horas para disfrutarte y dos de cada siete días para darte un pasaje en la más bella historia de amor. Dos, tres horas para contemplarte y dos de cada siete días para darte me acomodo en un rincón de tu corazón. Gente que pide por la gente en los altares en las romerías gente que da la vida, que infunde fe que crece y que merece paz gente que se funde en un abrazo en el horror y que comparte el oleaje de su alma gente que nos renueva la pequeña esperanza de un día vivir en paz. Dos, tres horas para disfrutarte y dos de cada siete días para darte un pasaje en la más bella historia de amor.
Dos, tres horas para contemplarte y dos de cada siete días para darte te acomodo en un rincón de mi corazón. Para vivir así en miradas transparentes recibir su luz definitivamente nubes van y van y van pasando pero aquella luz nos sigue iluminando. Qué fresca es la sombra que ofrecen qué limpia el agua dulce de sus miradas es por ti que empiezo un nuevo día hay ángeles entre nosotros. Dos, tres horas para disfrutarte y dos de cada siete días para darte un pasaje en la más bella historia de amor. Dos, tres horas para contemplarte y dos de cada siete días para darte me acomodo en un rincón de tu corazón. Dos, tres horas para disfrutarte y dos de cada siete días para darte. Dos, tres horas para disfrutarte y dos de cada siete días. Dos, tres horas para disfrutarte y dos de cada. Dos, tres horas para disfrutarte. Dos, tres horas. GENTE, Presuntos Implicados http://es.wikipedia.org/wiki/Abrazos_gratis
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