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    Cancion de la cosas simples!...

     
     
    Canción de las simples cosas
    (Armando Tejada Gómez - César Isella)
     
    Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
    lo mismo que un árbol en tiempos de otoño se queda por sus hojas.

    Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
    esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.
    Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,
    y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.

    Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
    que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
     
    Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
    donde encontrarás con el pan al sol la mesa servida.
    Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
    que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.
     
     
    (AUDIO)
     
     
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    será que te conozco?

     
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    si yo fuera presidente....

     
    Juguemos A Cantar ...

    Yo no canto por cantar

    "MANIFIESTO" de Victor Jara 

     (Voz: Francesca Ancarola)
     
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    Yo no canto por cantar
    ni por tener buena voz
    canto porque la guitarra
    tiene sentido y razón,
    tiene corazón de tierra
    y alas de palomita,
    es como el agua bendita
    santigua glorias y penas,
    aquí se encajó mi canto
    como dijera Violeta
    guitarra trabajadora
    con olor a primavera.

    Que no es guitarra de ricos
    ni cosa que se parezca
    mi canto es de los andamios
    para alcanzar las estrellas,
    que el canto tiene sentido
    cuando palpita en las venas
    del que morirá cantando
    las verdades verdaderas,
    no las lisonjas fugaces
    ni las famas extranjeras
    sino el canto de una alondra
    hasta el fondo de la tierra.

    Ahí donde llega todo
    y donde todo comienza
    canto que ha sido valiente
    siempre sera canción nueva.
     
    (Voz: Pedro Aznar)
     
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    LA EDUCACIÓN DE LA MIRADA

    Frei Betto

    Desde que me tengo por gente, la escuela enseña análisis de textos. Gracias a esas clases aprendí la jactancia de "niño, nunca verás un país como éste", conocí la pasión de Tomás Antonio Gonzaga por su Marilia y me deleité con los poemas satíricos de Leandro Gomes de Barros, como esos versos tan actuales, escritos a comienzos del siglo XX: "El Brasil es la olla./ El Estado echa sal,/ La Alcaldía lo sazona,/ quien come es el Federal".

    Todo texto se teje con los hilos del contexto en que fue escrito. Cuanto más próximo se encuentra el lector de la coyuntura en que se produjo el texto, tanto mejor capta su pretexto, el significado. Un alemán tiene más posibilidad de entender, con su sensibilidad, el universo de las obras de Goethe, igual que un brasileño siente el aroma de la culinaria descrita en las novelas de Jorge Amado.

    ¿Para qué sirve estudiar literatura? Entre otras razones, para leer con más acuciosidad el libro de la vida, cuyos autores y personajes somos nosotros. Quien lee sabe distinguir entre arte y panfleto, juego de rimas y poesía, experimentalismo barato y ficción de calidad. Leer es un ejercicio de escucha y de exploración. Por eso, mientras no lleguen nuevos avances tecnológicos, tengo la impresión de que leer un libro en Internet es como ver la foto de un atardecer de mayo sobre las montañas de Belo Horizonte. Prefiero contemplar esa maravilla en vivo.

    En la adolescencia tuve en cineclubs mi primera educación de la mirada. Tras la exhibición del filme, los debates dejaban ver nítidamente la diferencia entre obra de arte y mero entretenimiento. Se cultivaba la sensibilidad, saturada por las series melodramáticas de los culebrones de Hollywood, e insaciada ante los grandes maestros del cine. La pesadez repetitiva del humor televisivo nunca producirá un Chaplin.

    Hoy la imagen ocupa en nuestros ojos más espacio que el texto, gracias a la universalización de la televisión. No obstante, la escuela parece no darse cuenta de que vivimos en una era de la imagen. O peor aún, compite con la televisión en arrogante indiferencia o desprecio. Dentro del aula de clase todavía predominan la narrativa textual, la palabra escrita, la secuencia enmarcada por comienzo, medio y fin, señales de la historicidad. Fuera de la escuela recibimos la avalancha de imágenes, el vertiginoso coctel que confunde pasado, presente y futuro, la narrativa reventada por el recorte deslucido de los clips, la cultura rebajada a diversión vacía.

    Mientras la escuela se esfuerza, al menos teóricamente, por formar ciudadanos, la televisión forma consumidores. Si hoy en día los alumnos son más indisciplinados que antes es porque no pueden -todavía- cambiar al profesor de canal. ¿Por qué no destronar la televisión como reina del hogar y llevarla a la sala de clase? Llegó la hora de emanciparnos del tiránico monólogo televisivo. Se puede estar en desacuerdo con un periódico y escribir a la sección de cartas de los lectores, o protestar por la radio, llamando a la emisora. ¿Cómo se queja uno a la televisión, que es una concesión pública utilizada en función de intereses y ganancias privadas? El mejor recurso es invertir la relación: que ella pase a ser objeto y nosotros sujetos.

    Imagino a los alumnos en el aula de clase analizando programas de televisión y cortos publicitarios; transformando el juego de emociones -fotos, sonidos, movimientos- en objeto de la razón, descodificando los contenidos de los programas y la carpintería de la producción televisiva. Actores y productores de televisión serían recibidos en las aulas; examinada la calidad de los productos ofrecidos; y se abriría un debate sobre la ética implícita en los programas de audiencia, donde los pobres y los nordestinos son ridiculizados, y en la publicidad, que reduce a la mujer a sus atributos físicos como carne de cañón.

    Ver televisión en la escuela es educar el mirar. Y de ese modo dar un paso importante rumbo a la democratización de los medios de comunicación, pues las instituciones de enseñanza también deben tener sus radios comunitarias y producir videos. Sólo una mirada crítica nos abre el horizonte de la ciudadanía y de la democracia real. En caso contrario corremos el riesgo de ver cada vez más caras y menos corazones, y creer que el predominio de la estética dispensa de la ética y de confiar en que los sueños son sólo capullos que no engendran mariposas de la utopía. (Traducción de J.L.Burguet)

    - Frei Betto es escritor, autor, junto con Paulo Freire y Ricardo Kotscho, de "Esa escuela llamada vida", entre otros libros.

    Alainet, 09/05/06

    http://firgoa.usc.es/drupal/node/28966

    Receta de cocina frustrada a las finas hierbas

     

    Apenas empiezo a saborearte

    y ya me entran ganas de comerte

    mordisquear tus orejas despacio

    lamer tu cuello lentamente,

    prepararte un aderezo con mi aliento

    mezclar tu saliva con mis dedos.

     

    Apenas empiezo a intuirte

    y ya me entran ganas de servirte

    un manjar de caricias y de halagos

    invitarte a degustar mi condimento

    sazonar con mis manos tu cintura

    hornear el deseo a fuego lento.

     

    Apenas empiezo a tramar la receta

    cuando te deslizas con cautela hacia la mesa

    y con la exquisita canela de tu boca

    dispones ante mí la escapada.

     

    Argumentas que hay exceso de alimento

    y que mantienes una dieta muy estricta

    me dejas rebosantes las manos de especias

    y un desfile se inicia de pucheros y cazuelas.

     

    El orégano previsto en tu mejilla

    la pimienta salpicada en tu mirada

    la vainilla extendida por tu nuca

    la menta en tu piel y la mostaza.

     

    El comino, el limón, la hierbabuena

    el romero en tu frente, en tus labios la salvia

    el azafrán y el laurel en tus hombros

    por tus dientes el anís, la alcaparra.

     

    Uno a uno los ingredientes que aguardaban tu llegada

    retroceden a su lugar de origen

    y yo, apenas me dispongo a iniciar la retirada

    congelo en la memoria el menú del deseo

    por si alguna vez te apetece paladearme

    y a mí me entran ganas de evocarte

    y es que apenas empiezo a conocerte

    y ya siento el impulso de adobarte.

     

    Gloria Bosch

     

    http://www.ciudaddemujeres.com/Femiteca/article.php3?id_article=49

    ... la semilla que trajimos con nosotros!

    Uno no escoge el tiempo para venir al mundo;
    pero debe dejar huella de su tiempo.

    Nadie puede evadir su responsabilidad.
    Nadie puede taparse los ojos, los oidos,
    enmudecer y cortarse las manos.

    Todos tenemos un deber de amor que cumplir,
    una historia que nacer
    una meta que alcanzar.

    No escogimos el momento para venir al mundo:
    Ahora podemos hacer el mundo
    en que nacerá y crecerá
    la semilla que trajimos con nosotros.

    -Gioconda Belli

    http://recordandonicaragua.blogspot.com/2006/01/uno-no-escoge.html

    Amar es...



    Amar a alguien es intentar conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus debilidades, sus sueños y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano o un hombro, sediento de una sonrisa sincera con la que pueda sentirse en paz; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni siquiera en sí mismo; es descubrir y valorar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente sus virtudes.

    Amar a alguien es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención y sobretodo sincero interés; aceptarlo sin pretender cambiarlo, sólo comprenderlo; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser juzgado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus ideas; es valorarlo por ser quien es, no por como tú desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder de ser la mejor versión de su ser.

    Amar a alguien es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni pretenciones, revelando tu verdad honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes falsas para causar una impresión; es compartir tus deseos y necesidades, sin esperar que convierta en su misión el saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del gozo de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y así, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada sincera, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto... si tú quieres recibirlo".

    Amar a alguien es disfrutar de la alegría de poder comprometerte voluntariamente y participar en forma activa, mas no intromisoria, en su crecimiento personal; es creer en él cuando duda de sí mismo, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; disfrutar del día presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones, por la espontánea decisión de amarle libremente.

    Amar a alguien es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin pretender que nada necesitas; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a Dios su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu camino; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura nueva y el mañana, un misterio rico y perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta.

    Amar a alguien es atreverte a expresar tu cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo cariñoso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus fortalezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa sinceramente, no por ti, pero por él, y que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus verdaderas capacidades y alentar su posibilidad de dar todo lo que puede; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

    Amar a alguien es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos con firmeza; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de dejarlo ir y despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos recuerden con gratitud los tesoros compartidos.

    Amar a alguien es encontrar tu propia felicidad en la suya; es verle como un libro de infinitas páginas que que día a día disfrutas leyendo y siempre te encuentras esperando que llegue el momento de volverla a ver, fascinado con lo que vendrá con la siguiente página; es estar con esa persona, tanto en los días soleados como en los lluviosos, y así, cuando los tiempos malos lleguen, porque siempre llegan, los encuentren preparados, de la mano y en pie, porque es más fácil resistir, cuando una mano un hombro, un ser, está ahi contigo, siempre y para siempre.

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